Solidaridad: la acción de dar

El suelo es una de las maravillas más subestimadas e incomprendidas de nuestro planeta Tierra. Lejos de ser simplemente polvo, se estima que en un gramo de tierra pueden existir cerca de 50,000 especies de microorganismos, y en una cucharada de tierra se encuentran más microorganismos que la cantidad de personas que habitan el mundo. Los humanos han estudiado solamente una pequeña fracción de la extraordinaria vida que existe en el suelo a pesar de que estos animales y microorganismos juegan un rol invaluable. Millones de años de competencia evolutiva han permitido que los microorganismos produzcan compuestos antibióticos que conforman la base de muchas medicinas usadas por los humanos, literalmente creamos medicina del suelo, y nadie sabe cuántos nuevos tratamientos descansan debajo de nuestros pies esperando ser descubiertos. Una de las especies más increíbles que vive en la tierra es la lombriz, la cual juega un papel sumamente importante en la creación de tierra fértil. Las lombrices recorren profundidades debajo del suelo y hacen espacio para que las raíces de las plantas crezcan y mantengan el suelo vivo. Debajo del suelo también existe un vasto mundo de hongos, mismos que establecen relaciones de interdependencia con las plantas para que ambos grupos de seres vivos puedan prosperar; los hongos pueden obtener fácilmente los nutrientes del suelo, pero no pueden capturar dióxido de carbono como lo hacen las plantas, así que crean un intercambio: las plantas les dan dióxido de carbono para que crezcan y los hongos les entregan a las plantas nutrientes como nitrógeno y fósforo, que son necesarios para su desarrollo. Es una relación mutuamente benéfica y solo un pequeño ejemplo de los ecosistemas interconectados que conforman el mundo del cual todos formamos parte. 

Conectando con la tierra he aprendido muchas lecciones de vida, pero una de las más importantes ha sido la acción de dar, y es que si alguien sabe entregarse por completo es la naturaleza: si tú siembras una semilla en el suelo, la cuidas, la riegas, dejas que el sol la abrace, esa semilla va a comenzar a crecer y de algo tan pequeño crecerá un tomate, una zanahoria, una lechuga o un inmenso árbol de mamey.  En cualquier caso, ese alimento cumplirá la función, no solo de nutrir sino de reproducirse para seguir alimentando a muchos seres vivos más, y de la misma planta que solo necesitó una semilla para crecer nacerán decenas o centenas de semillas más. Eso sin hacer un lado todos los procesos simbióticos que ocurren en beneficio del suelo, el agua, el aire, los microorganismos y los seres humanos. Observando la naturaleza me he dado cuenta de que los ecosistemas están compuestos de seres vivos que se ayudan entre sí, en relaciones en las que dan y reciben.  En la vida humana, estas relaciones de reciprocidad parecen ajenas, nos hemos desconectado de esa simbiosis con el mundo natural y hemos olvidado regresarle a la Tierra por lo menos una pizca de lo mucho que ella nos da.

El 31 de agosto se celebra el Día Internacional de la Solidaridad. Se eligió esta fecha en honor al movimiento social polaco Solidaridad, que fue representado en 1980 por el gremio sindical ‘Solidarność’. Este movimiento fue uno de los tantos responsables de la caída del muro de Berlín. Uno de sus dirigentes, Lech Walesa, fue consagrado con el Premio Nobel de la Paz, y decía:

“Solo en la medida en que  nos ayudemos y trabajemos por una causa común que proporcione el mayor bienestar a todos, en esa misma medida viviremos en un mundo mucho más pacífico, enriquecedor y próspero para cada nación, pueblo o individuo.”              

Lech Walesa

La solidaridad es sinónimo de apoyo, respaldo, ayuda, protección. Es la posibilidad de cambiar el mundo, de hacerlo mejor, más habitable y más digno. La solidaridad es un reflejo de nuestra naturaleza humana, nos muestra que los individuos no estamos solos, que preferimos vivir acompañados porque somos seres sociales que no podemos prescindir de nuestros   semejantes ni tampoco intentar desarrollar nuestras capacidades de manera independiente y aislada. Como diría la feminista Brigitte Vasallo, creemos que somos plantas en macetas separadas y nos convencieron, además, de que es positiva esa separación, como si no necesitar de nadie fuera positivo y, sobre todo, fuera posible. En el neoliberalismo actual, nos hicieron pensar así la idea de libertad y autonomía, cuando en realidad no somos plantas en maceta, somos un bosque interconectado en el que todas dependemos de todas.

Como Brigitte Vasallo, en Kolijke nos gusta pensar que todos formamos parte de un ecosistema vivo y funcional gracias a las acciones que cada organismo entrega en beneficio del colectivo o de la comunidad. Por ejemplo, en la reserva se llevan a cabo actividades para la preservación de especies amenazadas de extinción como el tucán, la nutria, los loros y pericos, los felinos silvestres (tigrillo, ocelote, yaguarundi)… estas, como todas las especies, son indispensables en la función ecosistémica y la producción de servicios ambientales como la captación y filtración de agua, la mitigación de los efectos del cambio climático, la generación de oxígeno y asimilación de diversos contaminantes, la protección de la biodiversidad, la retención de suelo, entre otros. Además, estas actividades no se piensan separadas o independiente del trabajo con las comunidades con las que se comparte el territorio, por lo que las actividades de educación y desarrollo comunitario son parte de la idea de cuidado integral de la vida, de la que parte todo el proyecto. Detrás de estas actividades, para que todo este ecosistema de acciones se pueda llevar  a cabo se necesita de una acción principal: la acción de dar.

Gracias a tus donaciones:

  • Se han restaurado más de 10 hectáreas de selva.
  • Se han elaborado los listados de flora (plantas vasculares) y de fauna (mariposas, libélulas, aves y mamíferos)
  • Se están restaurando los ecosistemas acuáticos y semiacuáticos para la recuperación de la nutria y toda su flora y fauna asociadas.
  • Se han recuperado poblaciones de especies extirpadas de la región, como el tucán (Ramphastos sulfuratus), la nutria (Lontra longicaudis), el ibis blanco (Eudocimus albus), entre otras.
  • Más de 25 talleres de educación ambiental han sido impartidos en las comunidades aledañas a Kolijke.
  • Se han formado a 18 jóvenes de las comunidades vecinas becados en el Programa Federal Jóvenes Construyendo el Futuro, en temas de conservación y cuidado de la naturaleza, agroecología y organización comunitaria
  • Se logró construir un Centro Comunitario Productivo de Ocomantla, mismo que  alberga 5 proyectos productivos agroecológicos diferentes: abejas nativas sin aguijón, producción de hongo seta, biofábrica, huertos biointensivos de traspatio y banco de semillas comunitario.

Queremos agradecer a todas las personas que han sido parte de este gran ecosistema: gracias por sus donaciones, por su tiempo, su confianza, por permitirse ser parte de Kolijke.

¡Sus acciones han creado un gran impacto!

Invitamos a que más personas se sumen a este proyecto, a que se vuelvan parte de este bosque interconectado en el que las acciones de cada quien permitan cambios en un mundo que necesita, con urgencia, construir relaciones más justas, más recíprocas y más saludables, entre las personas y con la naturaleza.