¿Qué significa hacer de una escuela un refugio?
Esta pregunta terminó convirtiéndose en el corazón de un proyecto que nos ha emocionado mucho en Kolijke. Un refugio para las aves, los polinizadores y la biodiversidad que todavía habita el territorio; y también un refugio para las y los adolescentes que pasan en su escuela gran parte de sus días. Un lugar donde puedan sentirse seguros, acompañados y en paz; donde puedan encontrar belleza, sombra, asombro, vida y pertenencia. Un lugar que puedan reconocer como propio y que sepan que tienen la capacidad de cuidar y transformar el lugar en el que viven.
Este proyecto nace de las mesas de trabajo del ordenamiento territorial y de las conversaciones con las y los profesores de la escuela telesecundaria Ricardo Flores Magón de Loma Bonita, que compartían una misma preocupación: un sentido de pertenencia débil entre las y los estudiantes hacia su propio territorio. A esto se sumaba algo que habíamos identificado también en otros espacios comunitarios: la discriminación que enfrentan las juventudes cuando intentan participar en las decisiones de sus comunidades, bajo la idea de que las y los jóvenes no saben, no pueden o no están interesados en involucrarse. Poco a poco, esta discriminación de las juventudes y la precariedad material en la región se entrelaza con una valoración negativa de lo propio, hasta instalar una idea profundamente difícil y dolorosa: que para construir futuro hay que hacerlo lejos de la propia comunidad.

A esto se sumaban problemáticas que ya conocíamos desde la construcción del ordenamiento territorial del municipio: captura y envenenamiento de fauna, caza y tráfico de especies y un mal manejo del ecosistema que, sin proponérselo, sigue orientando a lxs jóvenes hacia el abandono de su comunidad.
¿Cómo pedirle a una nueva generación que cuide un lugar con el que no siente un vínculo? ¿Cómo construir arraigo si las y los jóvenes crecen escuchando que su voz importa poco o que las oportunidades están siempre en otro lado, en uno mejor?
Elegimos trabajar con la telesecundaria Ricardo Flores Magón de Loma Bonita no sólo por las problemáticas identificadas ya descritas, si no también porque es una escuela con la que nos encanta trabajar. Su directora, Dominga, y su equipo de docentes Liliana, Tatiana, Marlene y Ángel tienen un compromiso con su escuela y sus estudiantes que es de verdad admirable y conmovedor; y lxs propios alumnos, siempre han tenido un enorme entusiasmo por trabajar con nosotros, y un gran interés por el territorio en el que está situada su escuela, dentro de la Zona de Atención Territorial 04 Loma Bonita, con casi 1,500 hectáreas bajo políticas de protección y preservación ambiental.
Con base en lo anterior, el objetivo inicial del proyecto fue claro desde el principio: reforzar el sentido de pertenencia de las y los estudiantes de Loma Bonita con su territorio. Y la meta, tan concreta como ambiciosa, fue construir un espacio de bienestar socioambiental dentro de la propia escuela: un refugio. No solo para las aves y la biodiversidad que aún resiste en esa zona, sino también para las y los estudiantes. Queríamos que se sintieran seguros, acompañados, en paz. Que la escuela fuera, literalmente, un refugio de vida.








Detrás de esa meta, había que generar una relación de esperanza y compromiso con el territorio, fortalecer la autopercepción de lxs jóvenes como sujetos capaces de transformar su entorno, y promover el cuidado ambiental como una práctica que da sentido a la vida y al futuro en las comunidades. Vinculado a esto, era indispensable involucrar a lxs jóvenes en el ejercicio del Programa de Ordenamiento Ecológico Local de Zihuateutla (POELZI), su municipio porque un ordenamiento territorial que no llega a las nuevas generaciones, difícilmente puede sostenerse en el tiempo.
Entonces, de octubre de 2025 a junio de 2026, avanzamos en el desarrollo del proyecto sesión a sesión. Empezamos hablando de malestar y bienestar socioambiental, de biodiversidad, de lo que significa ser joven en un territorio en transformación. Después pasamos a las manos: sembramos un agrobosque con énfasis en islas de fertilidad, y un jardín de plantas medicinales. Ambos con especies pensadas también para las aves,como árboles frutales para que coman, sitios donde puedan anidar, flores para los colibríes y demás polinizadores.
También se instalaron nidos para aves en varios árboles de la escuela, construidos por el equipo de la reserva Kolijke, y comenzamos a observar qué sucedía cuando, en lugar de expulsar la vida que llega a la escuela, empezamos deliberadamente a hacerle espacio.
Y entonces llegaron las aves.
Los momentos de observación fueron muy emocionantes. Adolescentes que probablemente habían visto esas mismas aves cientos de veces en sus comunidades, comenzaron a detenerse a mirarlas. A distinguirlas. A preguntar cómo se llamaban. A investigar sus nombres en náhuatl y totonaco. A esperar a que aparecieran. A observar qué hacían y a registrarlas. Así comenzaron también a participar en ejercicios de ciencia ciudadana, pero partiendo de una nueva premisa: el asombro frente a las formas de vida de su propio territorio.




Porque para querer cuidar algo, primero tenemos que aprender a mirarlo. Y mirar con atención un ave que siempre había estado ahí puede parecer un gesto pequeño, pero también puede cambiar la relación que tenemos con el lugar que habitamos.
Tiempo después sucedió algo que nos emocionó muchísimo: uno de los nidos instalados en la escuela fue utilizado por un pájaro carpintero para anidar. Algo que las y los estudiantes habían colocado y cuidado dentro de su escuela se había convertido, literalmente, en refugio para otra especie. La transformación que habíamos imaginado estaba ocurriendo frente a sus ojos.
Durante el proceso también hablamos de la NOM-059, esa norma que nos dice qué especies necesitan más cuidado porque están en riesgo, y de cómo la agroforestería permite convivir con la naturaleza sin dañarla. Y, muy importante, dedicamos tiempo a que las y los estudiantes entendieran cómo este proyecto se conecta con el ordenamiento territorial de su municipio (el POELZI).
Todo este proceso se acompañó, además, de una campaña de difusión pensada, diseñada y creada por lxs propios estudiantes, a la que llamaron: "Restaurar la biodiversidad para hacer un refugio". A través de esta campaña en las redes sociales de la escuela, se busca que los estudiantes tengan una plataforma para compartir su experiencia con videos, publicaciones y una infografía que elaboraron durante algunas sesiones con nosotros.
Finalmente, el proyecto terminó en junio con el evento de la “presentación comunitaria” del mismo, a la que asistieron las madres y padres de familia y equipo de Kolijke, y donde lxs alumnxs expusieron las fases y resultados del proyecto, mostrando también sus habilidades artísticas y todos los materiales que desarrollaron en el proceso, tanto en las sesiones de trabajo con nosotros, como en las clases y asignaturas escolares que vincularon con el proyecto los temas académicos obligatorios.
Lo anterior responde a que "Escuela, refugio de vida" se pensó como el ”Proyecto de Integración Comunitaria” de esta telesecundaria; que es una iniciativa de la Nueva Escuela Mexicana. Esta busca que el aprendizaje trascienda el aula mediante proyectos que articulen distintas asignaturas y vinculen los conocimientos académicos con problemáticas concretas del contexto en el que viven las y los estudiantes. De esta manera, las y los jóvenes no solo adquieren conocimientos, sino que los ponen en práctica para comprender su realidad, proponer alternativas y participar activamente en la transformación de su escuela, su comunidad y su territorio.




De este modo, el proyecto se construyó entre muchas manos: la directora y docentes de la telesecundaria Ricardo Flores Magón, integrantes del Comité de Ordenamiento Ecológico Local de Zihuateutla (COELZI) y nosotros, integrantes de Kolijke. Por supuesto, el compromiso y entusiasmo de la directora de la escuela y su planta docente, de las madres y padres de familia y, sobre todo, de todas y todos los estudiantes, fueron lo que hicieron posible que todo esto sucediera.
El papel de la directora y las docentes fue especialmente importante porque entendieron algo fundamental para este proyecto: cuidar el bienestar de sus estudiantes también podía significar cuidar y transformar el espacio que habitan todos los días; hacerlo más vivo, más amable, más interesante, más suyo. Su compromiso permitió que la educación ambiental no fuera solo un contenido que se enseña, sino experiencia real de cuidado y responsabilidad compartida.
Que una escuela donde regresan las aves, crecen los árboles, germinan semillas y llegan los polinizadores puede ser también una escuela más amable para quienes pasan ahí una parte fundamental de su adolescencia. Y que un adolescente que descubre que puede sembrar, restaurar, observar, cuidar y transformar su entorno puede comenzar también a reconocerse como alguien capaz de incidir en el futuro de su comunidad.
Como dice la frase que acompañó todo el proyecto: "Nuestra escuela, nuestro refugio, nuestra responsabilidad."
Y como me gusta pensarlo a mí, cada vez que una ave encuentra un nido en ese patio, también encuentra refugio y un poco de la esperanza que este proyecto quiso sembrar.
